Julio
Armando Vizcarra Torres. Lleva el primer nombre en honor a su padre y debido a
una tradición familiar de los Vizcarra, la cual espera seguir prolongándola. El
segundo es el mismo que el de su abuelo, progenitor de su madre. Es el número
dos en la cadena, compuesta de tres hermanos, los cuales son mujeres. Flor
Isabel y Mariel Marcela. Además, a sus veinticinco años ya lleva cinco en el
rol de tío y padrino. Brisa Alexandra y Miguel Eduardo son los dulces e
inocentes culpables. Dos gigantes pequeños con los cuales ha podido retroceder
el tiempo y volver a su etapa de niño.
Julio
aprendió de muy chico a no tener miedo a los picotazos de las jeringas. Un día
despertó y estaba en el cuarto de una clínica. Cuando quiso levantarse de la
cama, un fuerte dolor en ambos brazos lo detuvo. Las responsables fueron dos diminutas agujas, las cuales lo conectaban a
dos bolsas de suero. Luego, cuando ya había superado la barrera de los veinte
años, fue atacado por un perro, al cual sus dueños no lo habían llevado a sus
controles hace buen tiempo. Esto le significó a Julio Armando doce inyecciones
alrededor de su ombligo.
En el transcurso
de su vida, Julio Vizcarra ha ido moldeando y modificando sus ideales. Al
terminar la secundaria, estaba convencido de que vestirse de saco y corbata
diariamente, y escuchar la palabra ingeniero como antesala a su apellido sería el
camino directo a la realización personal. Como efecto de esta causa, en el 2005
ingresó a la Universidad de San Martín de Porres para convertirse en ingeniero industrial. Después de algunas experiencias laborales y amicales, se dio cuenta
que no era necesario oír Ing. Julio Vizcarra para sentirse orgulloso. Entonces,
cuando cursaba el sexto ciclo decidió cambiar la universidad por un instituto.
Dejó los números por las letras, y en el 2009 empezó una nueva carrera, la de
Periodismo Deportivo. En el presente, Julio está muy cerca de concluir esta
profesión, la cual lo hace esbozar perennemente una gran sonrisa.

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